Ser feliz. Llevamos tiempo escuchando el imperativo de “¡tienes que ser feliz!, ¿por qué me obligan a ser feliz?, una pregunta que tiene miga.

¡Hay que ser feliz!, ¡hay que ser feliz!, esta frase expresada repetidas veces, sin tener en cuenta dónde, cómo, cuándo y por qué se convierte en una imposición y como tal, actúa como una obligación. Toda obligación conlleva un gran peso y aunque sea la imposición de la felicidad, si es obligada, se torna en una carga más.

Hay que respetar los sentimientos

si estamos tristes habrá que permitirse llorar, si estamos alegres reiremos, si algo da asco sentiremos la repulsión de lo que inspira ese sentimiento repugnante.

Con mucha frecuencia nos invitan constantemente a ser felices, y es algo maravilloso, o debería ser maravilloso, desde el punto de vista natural.

Es imprescindible saber interpretar nuestro entorno de forma constructiva

para conseguir la ansiada felicidad, por supuesto, es bueno aprender a ver la botella medio llena, ya que el aprendizaje será más fructífero. Pero hay veces que podemos sentirnos mal, y hay que respetar ese momento. Si perdemos a un ser querido, es sano estar tristes, y vivir esa tristeza nos hará crecer. Si alguien nos juega una mala pasada, sentiremos enfado, y la gestión de ese enfado nos ayudará a seguir aprendiendo.

Pero… ¿entonces?, ¿no buscamos de algún modo la felicidad?

Por supuesto que si, y ese debería ser nuestro objetivo, pero no convertirlo en una obsesión. Obsesionarse con ser feliz a veces se convierte en un suplicio.

La felicidad es un hábito, no un destino. Se llega mediante la interpretación de lo que ocurre, no viene dado por lo que ocurre. Por ello, es importante aprender a interpretar la realidad de forma constructiva.

Es importante sentir, y aprender a interpretar tanto lo que nos ocurre como lo que sentimos

Respeta tus sentimientos, siempre, y entrena tu pensamiento para que se convierta en vehículo hacia el crecimiento personal. Tan dañino es obsesionarse con el miedo y la pérdida, como la obsesión por conseguir la felicidad.

Odin Dupeyron lo expresa de una forma extraordinaria, ¡no te lo pierdas!, merece la pena:


 

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